martes, 22 de noviembre de 2011

Técnicos en la Casa de la Provincia

 Antes de comenzar es preciso hacer una aclaración: ya que la intención no es aburrir con contenidos similares, la dinámica de este blog va a ser aleatoria más que consecutiva respecto a los años de enseñanza en la universidad, es decir, hablaré del pasado y del presente intercalando entradas para que nadie tenga que esperar al final del "cuento" para ver algo interesante. Espero que sea de vuestro agrado.


Sin más, comenzaré brevemente a relatar este acontecimiento en el que estuve presente. Se trataba de la primera práctica de empresa que realizábamos gracias a una asignatura de 4º de Bellas Artes, el inicio de la especialización de Restauración. Una suerte, bajo mi punto de vista, contar con algo así tan pronto, por lo que tengo que dar las gracias a mi profesora María Arjonilla Álvarez.

El caso es que debido a un concurso de pintura y escultura celebrado en Barcelona, se había organizado una exposición con las obras de los finalistas en la Casa de la Provincia de nuestra ciudad, colaborando así la Universidad de Sevilla con la Fundació de les Arts i els Artistes.

Aunque parezca que simplemente teníamos que montar dicha exposición, nuestro trabajo era mucho más importante: el curso entero de alumnos fue separado por grupos, cada uno asignado a una serie de obras. Lo primero, antes de la llegada de las obras, era marcar el sitio exacto donde irían situadas conforme a un mapa de asignación previamente diseñado. 


A la llegada del camión, teníamos que ir a la puerta a supervisar "nuestras obras", es decir, encargarnos de vigilar por si hubiera algún percance desde el momento en que se descargaban hasta que las dejaban en el lugar indicado por nosotros. Era importante estar pendientes de que no retiraran los materiales de protección, pues debíamos evaluar el aspecto de éste, además del estado de conservación de la obra antes de entrar en nuestro recinto. De esta forma, podíamos afirmar que si la obra volvía dañada no era por nuestra culpa, sino por el transportista, por ejemplo.

En resumen, lo necesario en este punto era un reconocimiento fotográfico a cada obra asignada, a la vez que íbamos rellenando una ficha para describir los datos de la misma y los deterioros existentes. Una vez montadas, evaluadas y desembaladas, restaba colgar los cuadros, limpiar las vitrinas y basamentos de las esculturas y tapar los daños de cara a la exposición dentro de tres días.

Pasado un mes de exposición de las obras, tocaba el turno de embalarlas correctamente para enviarlas de vuelta a Barcelona, y de ahí a sus respectivos dueños: tanto para pintura como para escultura utilizamos un papel de protección con tratamientos a dos caras, es decir, papel Kraft y plástico de burbujas. Encima de esto, si la obra era muy frágil, añadíamos cartón, bien fijado con cinta de embalar.

Lo importante es que si en esta ocasión los responsables del buen estado de la obra hasta su destino éramos nosotros había que hacerlo como profesionales, siguiendo los dictados de nuestros profesores.

Mi conclusión acerca de esta experiencia fue bastante positiva. Incluso con los fallos externos o las prisas, entre todos sacamos el tiempo para crear una exposición bien presentada y organizada, a la vez que bien conservada y cuidada, desde su llegada hasta su regreso.

Foto de grupo. Montaje finalizado

Día de Inauguración de la Exposición

Desmontaje y embalaje de la obras

Foto de grupo. Embalaje finalizado

No hay comentarios:

Publicar un comentario